EXPATRIADOS EN TRANSICIÓN
EXPATRIADOS EN TRANSICIÓN

EXPATRIADOS EN TRANSICIÓN

“First things first”, dicen en inglés. Y para empezar a hablar de un tema, lo major es echar mano de un diccionario y definir conceptos.

Según la RAE, la expatriación es la acción y el efecto de expatriarse, es decir, de salir del lugar, ciudad o país donde se ha nacido. Curiosamente, para ser un expatriado no hace falta irse a la otra punta del mundo, ni cambiar de idiomas, ni vivir en una cultura desconocida. Así que, resulta que cuando con seis años me trasladé de mi Málaga natal a Granada (123km) ya tuve mi primera expatriación. ¡Y yo sin saberlo! Lo que sí sentí fueron sus efectos: soledad, desconcierto, desarraigo, emoción ante lo nuevo, descubrimiento, flexibilidad, engrandecimiento de lo que dejé atrás.

Los efectos de la expatriación emergen poco a poco, conforme se acumulan expatriaciones, se incrementa la familia o cambia la composición familiar. Con nuestra actitud y disposición podemos integrarlos, aceptarlos y prepararnos para que sean enriquecedores.

Adicionalmente, los expatriados recurrentes nos encontramos ante los «entretenidos» periodos de transición. Cada expatriación implica una transición: física, profesional, personal, social, económica, familiar… Volvemos al diccionario. La RAE define transición como la acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto. No toda transición desemboca en una expatriación, pero que las expatriaciones conllevan transiciones es innegable.

Los efectos de estas transiciones son, de nuevo, diferentes y cómo las naveguemos depende, en gran medida, de nosotros. Yo las veo como oportunidades de escribir un nuevo capítulo en nuestra vida, y si nos lo planteamos como objetivo, podemos hacerlo con un tipo de letra diferente, adaptada a nuestra situación y contexto. Pero, incluso los más duchos en las transiciones corremos el riesgo de atascarnos en alguna de ellas. Es completamente normal. Las transiciones en expatriación comportan además varias capas de complejidad adicionales: el desconocimiento del entorno, la ausencia de puntos y personas de referencias, diferencias culturales, lingüísticas…

Hasta mi séptima expatriación yo no sentí un bloqueo en mi proceso de transición. La que yo anticipaba sería la más fácil de todas terminó siendo un verdadero martirio. Tras años de estar (muy feliz) en casa ocupándome mayoritariamente de la familia, por fin podía reincorporarme al mercado laboral. Dar el gran salto hacia… hacia….¿hacia dónde? Ni idea. En blanco. Y cuanta más vueltas le daba, más confundida y contradictoria me encontraba. Consecuencia: bloqueo total e infelicidad emergente.

Bueno, yo salí de ese atasco, y además por la puerta grande: cargada de herramientas para afrontar las siguientes mejor armada. ¿Cómo lo hice? Con ayuda de un proceso de Coaching: respondiendo a preguntas relevantes y ordenando mi «armario interior» para saber dónde quería llegar en mi vida y cómo llegar allí.

Si te encuentras ante una transición y quieres que te acompañe en este proceso para (re)tomar el rumbo de tu vida: AQUÍ ME TIENES.

Coaching para quienes quieren llegar donde se proponen